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ORIGEN DEL DIA DE LOS MUERTOS EN MEXICO


La muerte es el destino inexorable de toda vida humana y es natural que nos asuste y angustie su realidad, sobre todo cuando vemos de cerca el peligro de morir o cuando afecta a nuestros seres queridos.

Este resumen dedicado a la celebración del Día de Muertos tiene el propósito de acercar a niños y adultos con la idea de la muerte, para que la vayan aceptando como parte inevitable de la vida humana, conocer cómo algunas culturas antiguas también hacían ritos sobre la muerte; y fortalecer el carácter desde el punto de vista religioso.

Además, espero pueda ayudar a entender mejor la sensibilidad mexicana, nuestra manera tan particular entender y dar sentido a la celebración del Día de Muertos. Más que el hecho de morir, importa más lo que sigue al morir.

Ese otro mundo sobre el que hacemos representaciones, costumbres y tradiciones que se convierten en culturas, todas de igual importancia, pues ante el camino desconocido que la muerte nos señala, sólo es posible imaginarla con símbolos.

LOS AZTECAS Y EL CULTO A LA MUERTE

La fiesta de muertos está vinculada con el calendario agrícola prehispánico, porque es la única fiesta que se celebraba cuando iniciaba la recolección o cosecha. Es decir, es el primer gran banquete después de la temporada de escasez de los meses anteriores y que se compartía hasta con los muertos.

En la cultura Náhuatl se consideraba que el destino del hombre era perecer. Este concepto se detecta en los escritos que sobre esa época se tienen. Por ejemplo, existe un poema del rey y poeta Netzahualcóyotl (1391-1472):

Somos mortales
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra...
Como una pintura,
todos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
aquí sobre la tierra...
Meditadlo, señores águilas y tigres,
aunque fuerais de jade,
aunque fuerais de oro,
también allá iréis
al lugar de los descansos.
Tendremos que despertar,
nadie habrá de quedar.

Este sentimiento de la representación del destino se debe entender en el sentido de que el pueblo azteca se concebían como soldados del Sol, cuyos ritos contribuían a fortalecer al Sol-Tonatiuh en su combate divino contra las estrellas, símbolos del mal y de la noche o de la oscuridad.

Los aztecas ofrecían sacrificios a sus dioses y, en justa retribución, éstos derramaban sobre la humanidad la luz o el día y la lluvia para hacer crecer la vida. El culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la religión de los antiguos mexicanos. Creían que la muerte y la vida constituyen una unidad.

Para los pueblos prehispánicos la muerte no es el fin de la existencia, es un camino de transición hacia algo mejor. Esto salta a la vista en los símbolos que encontramos en su arquitectura, escultura y cerámicas, así como en los cantos poéticos donde se evidencia el dolor y la angustia que provoca el paso a la muerte, al Mictlán, lugar de los muertos o descarnados que esperan como destino más benigno los paraísos del Tlalocan.

El sacrificio de muerte no es un propósito personal; la muerte se justifica en el bien colectivo, la continuidad de la creación; importa la salud del mundo y no entraña la salvación individual. Los muertos desaparecen para volver al mundo de las sombras, para fundirse al aire, al fuego y a la tierra; regresa a la esencia que anima el universo.

Los sacrificios humanos se consideran como el tributo que los pueblos vencedores pagaban a sus dioses, y ellos a su vez alimentaban la vida del universo y a su sociedad.

Por otro lado, cuando alguien moría, organizaban fiestas para ayudar al espíritu en su camino. Como en la antigua cultura egipcia, los antiguos mexicanos enterraban a sus muertos envueltos en un "petate", les ponían comida para cuando sintieran hambre, ya que su viaje por el Chignahuapan (del náhuatl: nueva apan, en el río; o "sobre los nueve ríos"), parecido al purgatorio, era muy difícil de transitar porque encontrarían lugares fríos y calurosos.

LA CELEBRACION EN LA ACTUALIDAD

Esta celebración conserva mucha de la influencia prehispánica del culto a los muertos, las encontramos en Tláhuac, Xochimilco y Mixquic, lugares cercanos a la ciudad de México. En el estado de Michoacán las ceremonias más importantes son las de los indios purépechas del famoso lago de Pátzcuaro, especialmente en la isla de Janitzio. Igualmente importantes son las ceremonias que se hacen en poblados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca y en Cuetzalán, Puebla.

Sobre sus altares encienden velas de cera, queman incienso en bracerillos de barro cocido, colocan imágenes cristianas: un crucifijo y la virgen de Guadalupe. Ponen retratos de sus seres fallecidos.
En platos de barro cocido se colocan los alimentos, estos son productos que generalmente ahí se consumen, platillos propios de la región. Bebidas embriagantes o vasos con agua, jugos de frutas, panes de muerto, adornados con azúcar roja que simula la sangre. Galletas, frutas de horno y dulces hechos con calabaza.

SENTIDO MEXICANO DE LA MUERTE

En el México contemporáneo tenemos un sentimiento especial ante el fenómeno natural que es la muerte y el dolor que nos produce. La muerte es como un espejo que refleja la forma en que hemos vivido y nuestro arrepentimiento. Cuando la muerte llega, nos ilumina la vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo la vida, "dime como mueres y te diré como eres".

Haciendo una confrontación de los cultos prehispánicos y la religión cristiana, se sostiene que la muerte no es el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección son los estadios del proceso que nos enseña la religión Cristiana.

De acuerdo con el concepto prehispánico de la muerte, el sacrificio de la muerte -el acto de morir- es el acceder al proceso creador que da la vida. El cuerpo muere y el espíritu es entregado a Dios (a los dioses) como la deuda contraída por habernos dado la vida.

Pero el cristianismo modifica el sacrificio de la muerte. La muerte y la salvación se vuelven personales, para los cristianos el individuo es el que cuenta. Las creencias vuelven a unirse en cuanto que la vida sólo se justifica y trasciende cuando se realiza en la muerte.

La creencia de la muerte es el fin inevitable de un proceso natural. Lo vemos todos los días, las flores nacen y después mueren. Los animales nacen y después mueren. Nosotros nacemos, crecemos, nos reproducimos en nuestros hijos, después nos hacemos viejos y morimos. A menudo en un accidente perdemos a nuestros seres queridos, un amigo, un hijo o un hermano.

Es un hecho que la muerte existe, pero nadie piensa en su propia muerte. En las culturas contemporáneas la "muerte" es una palabra que no se pronuncia. Los mexicanos tampoco pensamos en nuestra propia muerte, pero no le tenemos miedo porque la fe religiosa nos da la fuerza para reconocerla y porque quizás también somos un poco indiferentes a la vida, supongo que así es como nos justificamos.

El desprecio, el miedo y el dolor que sentimos hacia la muerte se unen al culto que le profesamos. Es decir, que la muerte puede ser una venganza a la vida, porque nos libera de aquellas vanidades con las que vivimos y nos convierte, al final, a todos por igual en lo que somos, un montón de huesos.

Entonces la muerte se vuelve jocosa e irónica, la llamamos "calaca", "huesuda", "dentona", la "flaca", la "parca". Al hecho de morir de damos definiciones como "petatearse", "estirar la pata", "pelarse" morirse. Estas expresiones son permiten jugar y en tono de burla hacer refranes y versos.

En nuestros juegos está presente con las calaveritas de azúcar o recortes de papel, esqueletos coloridos, piñatas de esqueletos, títeres de esqueletos y cuando hacemos dibujos en caricaturas o historietas.

En cada región del país la celebración del día de muertos toma características especiales, de acuerdo a sus costumbres locales. Las siguientes descripciones son ejemplo de ello.

CALCAHUALCO, TOTOZINAPA, VERACRUZ

En este lugar el día de muertos es una celebración muy tradicional. El primero de noviembre se dedica a los niños difuntos. Es el día de los “muertos chicos”. Se colocan coronas de cempasúchil sobre el marco de la puerta, o en ramos en las esquinas de los altares, que se decoran con veladoras, pan de muerto, plátanos, naranjas, guayabas, calaveritas de azúcar, caña, tejocotes y agua de frutas.

En la noche los niños del pueblo salen a pedir su “calaverita” diciendo “La calavera tiene hambre, ¿no hay un pancito por ai?” El dos de noviembre se dedica a los “muertos grandes”, o sea, a aquellos que murieron ya siendo adultos.

Para este día se colocan también en los altares botellas de aguardiente y cerveza, cajetillas de cigarros, calabaza en tacha y mole con arroz, así como las fotografías de los muertos a quienes se dirigen.

Durante toda la noche los muchachos bailan y cantan acompañados de música de guitarras, sonajas, acordeones, tambores, flautas y silbatos y van de visita casa por casa. En cada casa se colocan cruces de flores de cempasúchil junto a las puertas. Las campanas de la iglesia del panteón repican toda la noche, para recordar a los muertos.

El día tres de noviembre es el día de los Responsos. Este día se visita a los muertos en el panteón, se limpian las tumbas y se lleva pan, café y chocolate a los campaneros de la iglesia, que han tocado las campanas durante toda la noche anterior.

OCOTEPEC, MORELOS

El panteón de Ocotepec es famoso porque los sepulcros tienen forma de casas, iglesias y catedrales pintadas de colores. En la noche del día primero de noviembre, se colocan ofrendas en las casas de los muertos nuevos, es decir, que murieron durante el último año. Utilizando naranjas, cañas y otras frutas forman un cuerpo y le colocan ropa. En la ofrenda se agregan también velas y los alimentos y bebidas que la persona prefirió en vida.

Las casas que tienen ofrenda se reconocen porque se han colocado desde la calle caminos de flores de cempasúchitl, para “guiar a los muertos”. Durante la mañana del día dos se realiza la visita al cementerio, en donde se colocan flores en las tumbas y se enciende incienso de copal. Ese día también hay música en el panteón.

ZONA MIXE DE OAXACA

Se coloca un altar en una mesa grande de la casa, con cempasúchiles, mano de león, velas, veladora, incienso de copa, diversas frutas de la región y tabaco de hoja. Desde el 31 de octubre se realiza pan decorado con flores de azúcar en colores, caritas de ángeles pintadas con anilina y otros panes también decorados que se colocan en los altares.

Se reúnen las familias y los amigos para comer tamales de frijol, tepache y mezcal. Es un día en el que se recuerda a los parientes que se han ido, y a veces se comenta de aquellos que se han quedado en el mucu amm (infierno en mixe).

Se preparan tamales de diferentes tipos: amarillos de carne de res, pescado, rata, tejón y camarón; tepache, mezcal, cigarros y tabaco de hoja. La fiesta dura ocho días, hay música de banda y tocan en la iglesia y el panteón.

Los familiares limpian y adornan con cuidado las tumbas, que cada quien trata de decorar lo mejor que puede. Los niños ayudan a los adultos en todas las tareas de esta celebración.

JANITZIO, MICHOACÁN

Es un día de veneración y respeto por los que ya murieron En esta isla se realiza una celebración muy pintoresca, que inicia la noche del día primero de noviembre.

Los habitantes empiezan a llegar al panteón cerca de la media noche, donde colocan ofrendas florales y ofrendas de alimentos para el difunto. Se encienden velas. Durante la noche se tocan las campanas y se escuchan cantos en tarasco, que es la lengua nativa de la región.

En el lago de Pátzcuaro, donde se ubica la isla de Janitzio, se colocan en las pequeñas barcas arreglos florales, así como velas y veladoras que flotan esa noche para honrar a los muertos.

CELEBRACIÓN EN LA REGIÓN MAZAHUA: RECEPCIÓN DE LA MARIPOSA MONARCA

La región mazahua se ubica entre los estados de México y Michoacán. Cada año los mazahuas esperan a las mariposas monarcas, “mensajeras de los dioses”, con ofrendas de cera y copal, ya que identifican a los espíritus de sus antepasados con las mariposas monarca. Las mariposas llegan por millones cada año, volando desde los bosques de Canadá y Estados Unidos, hasta nuestros bosques en estas regiones de Michoacán, para completar su ciclo de reproducción.

HUAQUECHULA, PUEBLA

En este estado se utilizan flores de nube y gladiola para adornar las tumbas en el día de muertos, a diferencia de otros lugares, donde la flor predominante es el cempasúchil.

CHIAPA DE CORZO, CHIAPAS

Los familiares asisten a limpiar las tumbas de sus muertos y las cubren de flores. Se lleva serenata a los panteones para festejar el regreso de los muertos que en este día visitan a sus familiares.

CORAS

Para los coras es una ceremonia muy importante, vinculada con la recolección agrícola. El 31 de octubre se prepara la ofrenda para los niños. Es una ceremonia discreta, porque a los niños se les trata con cuidado.

En la ofrenda se colocan tamales de tamaño muy pequeño, de unos tres centímetros. Se coloca fruta, agua bendita, esquites y cerámica ceremonial. El rito transcurre entre cantos y oraciones. También se colocan galletas, sopas de estrellitas, bolsas de sal y otros productos en los altares de las iglesias.

En la entrada del templo se coloca el altar, que representa un ataúd. La estructura, de cerca de 4 metros, se realiza con madera y se cubre con paño negro. Se coloca al frente un cuadro con la imagen de San Ignacio de Loyola, que es el patrón de los difuntos. El féretro se cubre con hojas de plátano y se coloca dentro una pequeña calavera con estola negra. El altar se complementa con dos candeleros cubiertos de flores y cuatro ceras negras.

También se coloca una cruz sobre una carpeta circular de algodón blanco, cubierto de flores blancas, moradas y anaranjadas. Al cristo se le coloca medio círculo blanco de algodón detrás de las rodillas.

En el panteón los hombres pintan las cruces de las tumbas de colores que les gusten. Las mujeres arreglan las tumbas con agua y tierra para alisarla y formar una costra al secarse, la cual decoran con ramos de cempasúchitl y bugambilia.

MIXQUIC, DELEGACIÓN TLÁHUAC, DISTRITO FEDERAL

Los habitantes dicen que al ponerse el sol, las almas de los muertos entran al pueblo y llegan hasta lo que fueron sus casas en vida. Las almas de los niños se van del pueblo a la media noche. Las casas colocan altares y permanecen abiertas todas las noches, para que las personas puedan visitarlos.

Los habitantes pasean por el pueblo una calaca de cartón, como si fuera un cortejo fúnebre. Toda la noche hay licor y comida en los altares. Este lugar recibe muchos visitantes nacionales y extranjeros, que acuden a participar en esta celebración.

CIUDAD DE MÉXICO, D.F.

Son días de fiesta en la ciudad, en especial para la clase media y las personas humildes. En sus casas colocan un altar con tortillas, frijoles, chiles, arroz y otros platillos de consumo diario, además de otros que se preparan para esta ocasión, como calabaza en tacha, pulque, atole de maíz azul y pan de muerto. Es una celebración donde se mezcla lo serio con lo irónico.

Cada año se celebran concursos de altares, de calaveras y de pan de muerto, así como de los versos llamados “calaveras”. En estos concursos participa la población y también se organizan dentro de las escuelas primarias y secundarias. Es muy característico en la ciudad el decorado de las vitrinas en las panaderías. Se pintan con dibujos acerca del tema: en especial se ven esqueletos con detalles en los que se reconoce una actividad tal como panadero, sacerdote, constructor u otros.

En el mercado de Sonora así como en las principales avenidas de la ciudad se venden esqueletos realizados con cartón, algunos de ellos articulados en brazos y piernas. En los mercados se venden calaveras de azúcar, figuras de muertos en sus ataúdes y diversas artesanías de cartón, barro y azúcar alusivas al tema.

Varios museos y edificios de gobierno o servicios colocan ofrendas de día de muertos, en general con gran contenido de elementos artesanales, como figuras de cartón o barro de esqueletos vestidos y realizando actividades cotidianas diversas. Igual que en diversas partes del país, en estos días se limpian y arreglan con flores las tumbas en los panteones.

CALAVERAS

Las calaveras son versos escritos a personajes conocidos o importantes que, aunque aún vivan, se refieren a ellos como si ya hubieran muerto. Otros se escriben dirigidos a grupos de personas por su actividad diaria, como a los panaderos, los políticos, los agricultores.

Algunas de estas calaveras, muy famosas en México, fueron escritas por el grabador José Guadalupe Posada. Junto a los grabados de calaveras realizando diversas actividades, escribía los versos. Esto sucedió en la época del porfiriato. Algunas calaveras de esta época son las siguientes:

- ¡Ámame por compasión,
pedazo de la otra vida!
- ¡No me hable ya de pasión,
calavera corrompida!

Voy a ver a mi modista
que mi sudario me cosa;
me voy a poner hermosa,
con mi blusa nunca vista.
Los festejos sepulcrales,
muchas horas durarán;
los muertos asistirán
con vestidos especiales.